Violencia de Hijos a Padres: Causas, Consecuencias y Prevención

27.12.2025

Dentro del maltrato familiar, la violencia filio-parental es una línea de investigación en el ámbito de la psicología y la pedagogía de cierta relevancia actual. En la primera parte del artículo se pretende analizar este fenómeno, desde las perspectivas psicoeducativa y jurídica para aportar una definición integral que abarque diferentes perspectivas de la violencia filio-parental, porque la intervención y prevención de ésta debe partir del conocimiento acerca de las causas y los mecanismos que intervienen en el complejo ámbito de ésta violencia intrafamiliar, así como de las relaciones e interacciones que se establecen entre hijos, hijas y progenitores.

Por ello, la segunda parte del artículo pretende aportar un modelo explicativo del ciclo de la violencia filio-parental como marco teórico en el que integrar la respuesta de prevención terciaria y tratamiento, tanto para progenitores como para hijos.

Análisis de la Violencia Familiar desde las Perspectivas Psicoeducativa y Jurídica

La violencia filio-parental aparece tipificada en el artículo 173(2) del Código Penal español, denominándose “malos tratos habituales en el ámbito familiar”, donde lo determinante no es solo la relación biológica entre hijo maltratador y progenitor maltratado, sino también la relación civil o de convivencia de la víctima con el agresor (familia de acogida, familia adoptiva o familia reconstruida). No obstante, en este artículo nos limitaremos a presentar aquellas investigaciones en las que el hijo o la hija es menor de edad y maltrata a sus progenitores (o adultos civilmente responsables del menor), ante lo que hay que dar según Liñán (2011) una respuesta jurídica lo más rápido posible para que perciba que la medida que se le aplica es una consecuencia de su conducta reprobable y dar seguridad y protección a sus víctimas al amparo del artículo 40 de la Convención de Derechos del Niño, el artículo 10(2) b) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el punto 14 de la Recomendación del Comité de Ministros del Consejo de Europa sobre nuevas formas de delincuencia juvenil en materia de maltrato.

Por otra parte, el término de violencia familiar recoge diferentes víctimas y agresores, al darse entre y hacia cualquiera de sus miembros, pudiéndose conceptualizar como:

  • … todas las formas de abuso que tienen lugar en las relaciones entre los miembros de una familia. Se denomina relación de abuso a aquella forma de interacción que, enmarcada en un contexto de desequilibrio de poder, incluye conductas de una de las partes que, por acción u omisión, ocasionan daño físico y/o psicológico a otro miembro de la relación (Corsi, 1994, p. 30).
  • … las agresiones físicas, psíquicas, sexuales o de otra índole, llevadas a cabo reiteradamente por parte de un familiar, y que causan daño físico y/o psíquico y vulnera la libertad de otra persona (Echeburúa, 2003, p. 112).
  • … los malos tratos o agresiones físicas, psicológicas, sexuales o de otra índole, infligidas por personas del medio familiar y dirigida, generalmente, a los miembros más vulnerables de la misma: niños, mujeres y ancianos (Fernández et al., 2003, p. 11).

Ampliando las definiciones expuestas, se puede determinar que la violencia intrafamiliar es un tipo de maltrato interpersonal utilizado de manera repetida, usando las agresiones físicas (directas y/o indirectas), los maltratos: psicológico-emocional, sexual, económico, abandono o negligencia o la omisión de ayuda, de forma reiterada y duradera en el tiempo, por medio de conductas de control, dominio o poder por parte del agresor, de forma consciente, que puedan causar consternación, perjuicio o dolor en la víctima, maltratos que pueden ser ejercidos por uno o varios miembros del núcleo familiar sobre una o varias víctimas (Aroca e Ibáñez-Ferrer, 2014; Redondo y Garrido, 2013).

Lea también: Tipos de Violencia de Género Paterna

Asimismo, los trabajos de revisión y análisis sobre la violencia familiar (Aroca e Ibáñez-Ferrer, 2014; Fernández y García, 2007; Jackson, 2003; Sanmartín, Gutiérrez, Martínez y Vera, 2010; Wilson, McBride-Henry y Huntington, 2004) destacan algunas de sus características específicas que, a la vez, amplían su concepción.

Hay una serie de variables que correlacionan positivamente con la violencia familiar (a excepción de la violencia filio-parental perpetrada por niños y adolescentes de ambos sexos contra los adultos civilmente responsables de su cuidado, educación y amparo, donde el agresor no estaría dentro de las víctimas propiciatorias; Chinchilla, Gascón, García y Otero, 2005), como son la edad y el sexo de la víctima y del agresor, siendo los más vulnerables los niños, los adolescentes, las mujeres y los ancianos (Exner-Cortens, Eckenrode y Rothman, 2013; Grisolía, 2006; Katz y Windecker-Nelson, 2006; McCabe, Lucchini, Hough, Yeh y Hazen, 2005; Patró y Limiñana, 2005), que se exponen a continuación:

  • El maltrato puede ejercerlo cualquier miembro de la familia sobre otro.
  • El agresor puede ser un sujeto que esté completamente integrado y sus víctimas pueden localizarse únicamente en el hogar.
  • La violencia puede aparecer en cualquier tipo de familia.
  • La víctima vive en una situación de amenaza que puede hacerle temer por su seguridad personal de forma constante e imprevisible, generada por su agresor, con el que mantiene un vínculo biológico o civil, económico, afectivo y de convivencia, que en algunos casos es necesaria y obligatoria (al menos en progenitores maltratados hasta que el hijo alcanza la mayoría de edad si no se interpone una denuncia por malos tratos).
  • Con el paso del tiempo, la víctima experimenta un proceso de despersonalización, dependencia, culpabilidad, baja autoestima, impotencia, pasividad o bloqueo ante el maltrato (efecto de indefensión aprendida).
  • Si el maltrato se prolonga en el tiempo e incrementa paulatinamente su intensidad, la víctima experimenta un menoscabo de su autoestima y de la seguridad en sí misma, lo que la hace más dependiente de su agresor.
  • La frecuencia e intensidad de los episodios de malos tratos los decide el agresor, independientemente de la actitud o conducta de la víctima.
  • Pueden aparecer tipos de violencia combinados (psicológica, sexual, física y económica) en un mismo acto violento.
  • El maltrato puede incrementarse en frecuencia, intensidad y tipos de violencia con el transcurso del tiempo. Por tanto, la víctima está expuesta y sometida a una violencia reiterada, intermitente y a lo largo del tiempo que puede ser más contundente y habitual.

Así pues, las características de la violencia familiar expuestas crean un marco teórico propio, del que se debe partir para elaborar una definición integradora de la violencia filio-parental como un tipo más de maltrato intrafamiliar (Aroca, Lorenzo y Miró, 2014; Gámez-Guadix y Calvete, 2012). Pero, asimismo, se debe realizar una revisión histórica de esta conducta filial que pueda contribuir a la confección de una definición actualizada y específica.

De hecho, la literatura científica recoge y describe la violencia filio-parental en el estudio realizado por Sears, Maccoby y Levin (1957), en el que se definió el síndrome de los padres maltratados, al que continuaron las investigaciones de Barcai y Rosenthal (1974), Steinmetz (1978), Harbin y Madden (1979) y Strauss, Gelles y Steinmetz (1980).

Sin embargo, ha sido en el siglo XXI cuando mayor producción científica, tanto de revisión bibliográfica sobre el fenómeno como de investigaciones de campo, encontramos acerca de la violencia filio-parental (Boxer, Gullan y Mahoney, 2009; Calvete, Orue y Sampedro, 2011; Condry y Miles, 2014; Cottrell y Monk, 2004; Eckstein, 2004; Evans, Jackson, Mannix y Wilkes, 2008; Gallagher, 2008; Ibabe y Bentler, 2016; Ibabe, Jaureguizar y Diaz, 2007; Kennedy, Edmonds, Dann, y Burnett, 2010; Margolin y Baucom, 2014; Martínez, Estévez, Jiménez y Velilla, 2015; Pagani et al., 2004; Ulman y Straus, 2003), de la que se partirá en la confección de la definición que se propone en este artículo.

Lea también: Directores de Cine Moderno

Por esta razón, en el presente artículo se han analizado estudios (empíricos y de revisión) sobre violencia filio-parental a nivel nacional e internacional desde 1957 hasta la actualidad, a partir de las bases de datos PSYCINFO, PSICODOC, SCOPUS, PSYCHO-SEARCH, ERIC y PROQUEST. La búsqueda documental se realizó entre los meses de febrero y julio de 2016, incluyendo los descriptores violencia familiar, madres maltratadas, menores agresores en el hogar, violencia de hijos a progenitores, violencia a ascendientes y maltrato intrapersonal (y sus traducciones derivadas en inglés). Del mismo modo, se recogen trabajos empíricos sobre violencia filio-parental realizados con muestras que proceden mayoritariamente de servicios sociales, centros de menores, centros penales y clínica privada, cuyo rango de edad oscila entre 8 y 18 años. No se han incluido investigaciones sobre violencia de género, hijos agresores que sufren enfermedades mentales ni hijos agresores mayores de 21 años.

La Violencia Filio-Parental: Delimitación Conceptual

La violencia familiar puede manifestarse de formas muy diversas, aunque la mayoría de las investigaciones de este fenómeno y la literatura científica existente se centren principalmente en el maltrato infantil, según la revisión realizada por Aroca (2010). No obstante, existen otras formas de maltrato, como la que se da entre hijos adultos y sus progenitores ancianos, entre hermanos o entre niños y adolescentes contra su madre y/o padre (Erath, Bierman y Conduct Problems Prevention Research Group, 2006; Howard y Rottem, 2008; Jackson, 2003; Kethineni, 2004). En el caso concreto de la violencia filio-parental en menores, este olvido obedece en parte a la creencia extendida de que la conducta de los hijos e hijas se debe básicamente a una buena o mala educación parental, a determinados estilos educativos ejercidos o a modelos de crianza perniciosos; en definitiva, a los progenitores agredidos (Aroca, Cánovas y Alba, 2012; Aroca, Miró y Bellver, 2013; Boxer et al., 2009; Gallagher, 2008; Pagani et al., 2004; Paterson, Luntz, Perlesz y Cotton, 2002).

Sin embargo, en las escasas definiciones encontradas sobre la conducta problema sí se ha podido distinguir que el proceso llevado a cabo para la construcción del concepto de la violencia filio-parental ha sido similar al realizado en la elaboración de las definiciones de otros tipos de violencia familiar (p. ej., maltrato infantil):

  1. Se inicia detectando un síndrome con síntomas y dinámica propia diferentes a las halladas en otros tipos de violencia intrafamiliar (Barcai y Rosenthal, 1974; Harbin y Madden, 1979; Sears et al., 1957; Steinmetz, 1978).
  2. En segundo lugar, los investigadores describen la topografía de las conductas violentas, básicamente físicas y verbales, ejercidas contra las víctimas (el padre y/o la madre) (Paulson, Coombs y Landsverk, 1990; Wells, 1987). Es importante señalar que en los primeros estudios sobre esta violencia los malos tratos analizados eran los físicos, no contemplándose los psicológicos o emocionales ni los económicos.
  3. En tercer lugar, se analiza la frecuencia e intensidad de las agresiones físicas y su impacto en la conducta de los progenitores, como ocultación, culpabilidad y vergüenza (Brezina, 1999; Buehler, Benson, y Gerard, 2006; Dugas, Mouren y Halfon, 1985; Kethineni, 2004; Jackson, 2003).

De este modo, partiendo del proceso de construcción del concepto de la violencia filio-parental, es importante señalar que en algunas definiciones no se contempla la reiteración de la violencia que ejerce el hijo o hija (Cottrell, 2001) y en otras no aparece la intención de ejercer daño y menoscabar a la víctima (Buehler et al., 2006; Cottrell y Monk, 2004) ni la consciencia del menor agresor a la hora de ejercer la violencia (Cottrell, 2001; Cottrell y Monk, 2004).

Por otra parte, un grupo de autores prefieren ofrecer una definición que abarque los diferentes tipos de violencia familiar existentes desde el que conceptualizar el de violencia filio-parental. Por ejemplo, Bobic (2002) defiende que las definiciones australianas son más amplias y aplicables a todas las formas del maltrato intrafamiliar, incluidas las de violencia filio-parental. En esta dirección, Paterson et al. (2002) también proponen una definición común, estableciendo que hablaremos de cualquier tipo de maltrato familiar si estamos ante un comportamiento que sea considerado violento per se o si los demás miembros de la familia se sienten amenazados, intimidados y controlados por parte de uno de ellos.

Lea también: Procedimiento legal para suprimir el apellido paterno en España

En contrapartida a lo expuesto por Paterson et al. (2002) y Aroca et al. (2014), en algunas ocasiones los agresores no consiguen sus objetivos: causar daño, perjuicio, malestar en la víctima o tener poder, control y dominio sobre ella; por eso para clasificar una relación interpersonal de maltrato debemos partir de que “son conductas que tendrán potencialmente efectos nocivos sobre la víctima y probablemente se den en un contexto de imposición de control, pero que resultan maltratadoras en sí mismas, incluso si sus efectos y sus intenciones no son negativos” (Beyebach, 2007, p. 19). Es decir, según Aroca et al. (2014), aunque algunos malos tratos no consigan sus objetivos ni causen el daño y el perjuicio esperado sobre la víctima, no se puede negar su existencia:

  1. Aunque la víctima no se sienta amenazada, intimidada y controlada.
  2. Aunque la violencia ejercida no presente consecuencias diagnosticables en la víctima (económicas y psicológicas) o las pueda presentar en el futuro.
  3. Aunque el sujeto maltratador no tenga intención o desconozca las consecuencias de sus malos tratos (desconocer el código penal de un país no nos exime de responsabilidad si cometemos un delito).
  4. Aunque se ejerza solo un tipo de maltrato físico y/o económico debemos contemplar que la víctima sufre al mismo tiempo de violencia psicológica o emocional.

En otro orden de cosas, antes de proponer una definición de violencia filio-parental se debería realizar una tarea previa: establecer la diferencia entre agresividad y violencia. Así, el concepto de agresividad nos remite a explicaciones adaptativo-genéticas, dado que forma parte del repertorio conductual del individuo desde su nacimiento (Moya, 2010; Sanmartín...

Características de la Violencia Filio-Parental

La violencia filio-parental es una forma de violencia intrafamiliar que implica conductas de maltrato físico y/o emocional de una persona en contra de sus progenitores o tutores legales. Se trata de una conducta intencional y consciente, con el objetivo y deseo de causar daño, perjuicio y sufrimiento de forma reiterada y sostenida en el tiempo.

Según los expertos, la violencia filio-parental suele comenzar con insultos y descalificaciones, y pasa de forma progresiva a las amenazas y las agresiones físicas. La finalidad del agresor es el control, poder y dominio sobre sus madres o padres.

Tipos de Maltrato en la Violencia Filio-Parental

  • Psicológica: verbal, no verbal y emocional.
  • Física: agresiones.
  • Económica: robar o forzar a pagar deudas de los hijos.

Como resultado de este tipo de violencia, las víctimas ven mermada su autoestima, autoridad y sienten frustración por sus aspiraciones educacionales.

Causas y Factores de Riesgo

Las causas o situaciones que llevan a la aparición de conductas violentas de los hijos hacia sus progenitores son variadas. También influyen factores individuales como:

  • Una baja capacidad empática.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Baja autoestima.
  • Sentimiento de soledad e insatisfacción vital.
  • Consumo de sustancias.
  • Vínculos sociales pobres o escasos.

En cuanto a los factores sociales que tienen impacto en el desarrollo de conductas violentas hacia los progenitores, destacan:

  • Educación autoritaria-violenta, negligente-ausente, permisivo-liberal.
  • Presencia de conflictos parentales frecuentes e intensos.
  • Baja cohesión afectiva familiar.
  • Ausencia de normas y límites claros.
  • Reducción de la distancia jerárquica entre padres e hijos.
  • Bajo rendimiento escolar, dificultades de aprendizaje.

Entre los aspectos particulares de este tipo de violencia destaca que los progenitores no suelen denunciar la situación a las autoridades. Los padres y madres tienden a aguantar los ciclos de violencia con sus hijos, derivando en situaciones críticas, antes de buscar ayuda. Además, como víctimas de maltrato, su autoestima y seguridad se ven mermadas, por lo que quedan cada vez más sujetos a la conducta del agresor y no son capaces de visualizar la manera correcta de abordar la situación.

El Ciclo de la Violencia Filio-Parental

Estas situaciones suelen seguir siempre un modelo cíclico, parecido al de otros tipos de violencia, que se caracteriza por seguir las siguientes fases:

  1. Fase de acumulación de tensión: En ella, el hijo acumula tensión debido a la existencia de enfrentamientos con sus padres. Esta tensión es cada vez mayor porque no existen factores que la desactiven.
  2. Fase de explosión: En esta fase es cuando se produce la situación de violencia descontrolada.
  3. Fase de arrepentimiento: Como resultado de la descarga de violencia, se produce en el hijo un falso arrepentimiento que, en muchas ocasiones, no es más que el comienzo de una nueva fase de acumulación de tensión que culminará en otro episodio violento.

Prevención y Soluciones

En cuanto a las posibles soluciones ante situaciones de violencia filio-parental, los expertos en intervención social y familiar destacan la prevención como la forma más efectiva. Orientar la educación de los hijos hacia ambientes de no violencia, confianza, diálogo y comprensión ayuda a reducir significativamente las posibilidades de entrar en dinámicas de violencia.

Ahora bien, si la prevención no ha sido efectiva y una familia atraviesa un ciclo de violencia, es importante abordar cuanto antes la situación e intentar modificar las actitudes y maneras de relacionarse entre los miembros.

Es necesario romper con la dinámica coercitiva, quebrar el ciclo. Otro punto importante es saber reconocer la situación y buscar ayuda externa antes de que empeore.

Afecto, comunicación y disciplina son tres referentes educativos que deben ser equilibrados y aplicados por los progenitores.

Datos Estadísticos

Podríamos destacar algunas realidades que describen los propios chicos y chicas cuando responden a la encuesta:

Uno de cada cuatro adolescentes de 14 a 17 años afirma haber sufrido algún tipo de violencia en el último año (maltrato físico o psicológico, ser testigo de violencia verbal entre progenitores, etc). A su vez, el maltrato psicológico, es decir, gritos, humillaciones o amenazas, es el tipo de violencia más frecuente hacia los adolescentes por parte de sus progenitores o figuras cuidadoras, que aseguran haber sufrido casi 2 de cada 10 chicos y chicas.

Por su parte, el maltrato físico, afecta a 1 de cada 10 chicos y chicas.

Cabe aclarar que estos datos se recogieron durante el curso escolar 2022-23, entre una muestra representativa de 4.024 chicos y chicas de 14 a 17 años de todo el país.

Las cifras oficiales muestran un aumento de maltrato en el ámbito familiar en España en todos los registros disponibles. Aunque este aumento se puede explicar por una mayor concienciación y por lo tanto mayor reporte, diversos estudios de prevalencia muestran que estas situaciones no siempre son notificadas.

Las experiencias de victimización son más prevalentes entre las chicas, que presentaron:

  • El doble de riesgo de sufrir maltrato psicológico y maltrato por parte de figuras cuidadoras.
  • Más del doble de probabilidad de estar expuestas a violencia en el núcleo familiar (incluyendo violencia verbal entre progenitores y violencia física hacia hermanos o hermanas).
  • Casi tres veces más riesgo de exposición a violencia física entre progenitores.

Recomendaciones para la Prevención

El estudio realiza una serie de recomendaciones encaminadas a la prevención de la violencia, su detección temprana y la intervención precoz:

  • Compromiso institucional, que garantice las condiciones y recursos necesarios para poner en marcha las medidas establecidas en la Ley Orgánica de Protección de la Infancia y Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI, 2021).
  • Sensibilización, a través de campañas y acciones, para que las instituciones, las familias y la sociedad conozcan el problema y la gravedad de las consecuencias de la violencia en el desarrollo de la infancia y la adolescencia.
  • Los profesionales que trabajen con niños, niñas y adolescentes deben estar formados para poder prevenir, detectar e intervenir ante situaciones de violencia hacia la infancia.
  • Creación de entornos seguros y protectores tanto en el ámbito familiar -a través de medidas que favorezcan la conciliación, programas de competencias parentales o ayudas como las prestaciones por hijo a cargo para prevenir situaciones socioeconómicas complicadas- como en el escolar, de deporte, ocio y tiempo libre. En este sentido, es fundamental seguir impulsando las figuras del Coordinador de Protección y Bienestar en las escuelas, y del Delegado de Protección en los espacios deportivos y de ocio.
  • Participación de la propia infancia, que debe poder acceder a información sobre sus derechos y sobre los mecanismos para solicitar ayuda.
  • Servicios de respuesta, apoyo y reparación del daño adecuados por parte de las instituciones competentes.

tags: #violencia #de #hijos #a #padres #causas

Publicaciones populares: